La abuela de Thiago, que estaba en la cocina preparando el almuerzo que él llevaría para la nueva construcción, al percibir el aroma a dominio del supremo se tensó y, sin quitarse el delantal, corrió hacia la pequeña sala.
—Supremo, es un honor tenerlo aquí— musitó la mujer, tan o más nerviosa que su nieto. El hecho de que Elijah estuviera en su casa era algo nunca antes visto, y solo le hacía entender una sola cosa: “Su nieto lo ha hecho enfurecer nuevamente". Por lo que, angustiada, empezó a