Cuando se desatan los instintos.
—De verdad hueles como lo haría un humano común —murmuró Alaric, oliendo los rizos rojos de Marlén. Pero de repente, una mano en su pecho lo apartó con violencia.
—Mantén la distancia, tío —esto reverberó en un gruñido. Thiago y Nerea temblaron cuando Elijah arrebató a Marlén de su lado y la tomó en brazos.
Con la respiración agitada por la tensión que creaba su cercanía, Elijah cargaba a Marlén entre sus brazos mientras se dirigía hacia el imponente palacio.
El viento nocturno soplaba con fuer