87. El silencio de la mañana
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Eva
El silencio de la mañana fue rasgado por el rugido de motores acercándose a la entrada principal de la manada. Desde la ventana, vi los vehículos detenerse y a Valentine descender con paso firme, arrogante, escoltado por al menos media docena de hombres armados. Su sola presencia ya era una provocación.
Magnus bajó conmigo sin necesidad de hablar. Cedric llegó desde el otro pasillo, sin soltar la mano de Sofía que, aunque pálida, ya no temblaba. Había fuego en su mirada.
—Lo presiento —