48. El prometido
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Sofía
El aire de la mañana tenía un frío cortante, pero yo apenas lo sentía mientras caminaba de un lado a otro en mi habitación, con las manos temblorosas y la mente enredada en pensamientos oscuros. La fiesta de la noche anterior no había sido más que una distracción pasajera. La realidad volvía a caer sobre mí como una losa: Valentine seguía aquí, y yo seguía atrapada en un compromiso que nunca quise.
Un golpe en la puerta me sobresaltó. Me giré con rapidez, el corazón en la garganta.
—En