El amanecer sobre la metrópoli no traía los tonos cálidos y dorados de la naturaleza, sino un resplandor metálico y frío que se filtraba a través de la densa bruma artificial de los rascacielos. En el piso ochenta y ocho de la Torre Ferré, la luz del nuevo día se reflejaba sobre las pantallas holográficas que ya mostraban el mapa completo de los distritos estabilizados. La purga de los conspiradores internos y el fracaso rotundo del asalto en el sector sur habían dejado a los clanes del oeste c