El eco del estallido inicial se extinguió con rapidez, tragado por los gruesos muros de hormigón armado y las placas de absorción acústica que recubrían la subestación central del sector sur. El humo de la carga de demolición flotaba en volutas densas bajo los tubos fluorescentes, empañando el aire frío con un persistente olor a pólvora sintética y metal quemado.
En el centro de la plataforma de carga, el líder de los clanes del oeste mantuvo el rifle elevado por pura inercia táctica, aunque la