El brillo ámbar de las consolas secundarias arrojaba reflejos metálicos sobre el rostro de Luisa, quien tecleaba a una velocidad frenética sobre la superficie táctil del escritorio. Las líneas de código y los diagramas de flujo de datos corrían como cascadas de fuego digital ante sus ojos. A su lado, Dominique se mantenía alerta, con la mano apoyada en la culata de su arma y la vista fija en las puertas blindadas del despacho, anticipándose a cualquier eventualidad.
—La fuga no es un ataque ext