98. El peor tipo de castigo.
Narra Lorena.
El mundo parece detenerse cuando cruzamos la vieja gasolinera abandonada al borde del último pueblo.
Danny, con las manos firmes en el volante, su cabello desordenado por el viento, sonríe por primera vez en horas.
—Lo logramos, ¿no? —susurra, como si tuviera miedo de romper el hechizo.
—Eso parece —respondo, aunque algo en mi pecho me grita que no cante victoria tan rápido.
La carretera se abre delante de nosotros, desierta, dormida bajo el cielo negro.
No hay luces azules.
No ha