73. La ciudad arde.
El rumor corre más rápido que un disparo en la noche.
En las esquinas, en los bares mal iluminados, en los callejones que huelen a orina y desesperación:
Ruiz está cazando, y esta vez no hay agujero que se le resista.
“La Herida Abierta”, un bar pequeño, donde la humedad gotea de las paredes como sudor frío. Tres hombres se empinan sus tragos a toda prisa, las manos temblorosas.
—¿Escuchaste? —dice uno, un tipo flaco con una cicatriz fea en la mejilla—. Está pagando una fortuna. Una fortuna,