72. Todos van a pagar.
Narra por Ruiz.
La puerta del almacén se abre con un chillido agónico, como si el edificio mismo supiera que la muerte viene de visita.
Entro primero, porque soy el único que puede darse ese lujo.
Detrás de mí, mi gente, un par de docenas de perros fieles, armados hasta los dientes, con caras de querer morder a alguien.
Huelo el aire: sudor rancio, pólvora, miedo fresco.
Mierda.
Esta no es una emboscada cualquiera.
Esta es una puta obra de arte.
Sonrío, porque soy un cabrón que ama el arte.