71. El arte de la trampa.
Narra Lorena.
Todo huele a óxido, pólvora vieja y miedo.
El almacén abandonado es un monstruo dormido, lleno de esquinas rotas y ecos sucios de otras épocas.
Camino despacio, con las botas levantando polvo que me pica en la nariz.
Detrás de mí, tres de las chicas revisan las cargas.
—¿Estás segura que va a venir? —pregunta Clarita, cargando una escopeta como si fuera un ramo de flores.
Sonrío, porque la duda ya no tiene lugar aquí.
—Más segura que de que esta ciudad apesta —le contesto, sacan