485. Mi droga se llama Tomás.
Narra Dulce.
No sé en qué momento pasó, no sé si fue esa primera vez que me tocó como si ya me conociera de antes o si fue en el instante en que me dijo que yo era perfección, lo cierto es que desde entonces no puedo soltarlo, no puedo respirar si no está cerca, no puedo dormir sin sentir su calor pegado al mío, y me descubro buscándolo con los ojos cada vez que entra en una habitación, como si mi cuerpo reaccionara antes que mi mente, como si hubiera quedado marcada, sellada por dentro, y aunq