484. La revelación de Tomás.
Narra Dulce.
Nunca pensé que después de ese primer abrazo convertido en fuego iba a sentir esta calma rara, como si mis huesos se hubieran derretido y mi cuerpo flotara en un lugar donde nadie puede tocarme, salvo él, porque solo él parece tener la llave para abrirme, cerrarme, volverme a armar. Estoy recostada todavía sobre las sábanas desordenadas, la piel ardiendo con ese calor que no se apaga, y lo miro de reojo, como si no quisiera que se diera cuenta de cuánto lo estoy observando, porque