451. Cuerpos en la encrucijada.
Narra Dulce.
El sobre está en la mesa. La habitación huele a perfume caro y a peligro recién salido del horno. Jean-Pierre se fue hace diez minutos, pero el aire aún tiene su sombra. Ese acento de veneno envuelto en terciopelo, esa forma de mirarme como si fuera una pintura que él va a colgar y firmar con sangre.
Me dejo caer en la cama, con la remera pegada a la piel. No llevo bombacha. Hace calor. O es el miedo. O la expectativa.
Sami no está. Salió. No me dijo adónde. Y aunque me duela, mejo