428. Comprobaciones y mentiras.
Narra Bruno.
El cigarro se consume entre mis dedos sin que lo fume. Lo dejo arder. Me gusta mirar cómo se quema algo que no puede quejarse.
Apoyo el codo en el borde de la ventana, el cuerpo medio encorvado, la espalda cargada de pensamientos, y desde arriba veo a mis muchachos moviéndose como hormigas en el patio.
No confío en nadie.
Pero esta vez, tuve que confiar.
Le pedí a Lucas que contactara a Sosa.
El viejo Sosa.
Viejo, torcido y carísimo.
Archivista retirado de la Federal, dueño