391. El niño de la sombra.
Narra Tomás Villa.
No recuerdo la primera vez que me rompió una costilla.
Ni la primera vez que sangré por dentro.
Los recuerdos se mezclan, se repiten. Como un disco rayado que suena igual, noche tras noche, en un sótano que olía a orina seca, transpiración y miedo.
Mi padre era un perro rabioso con voz de hombre, y yo, un bulto al que arrastraba por los pelos cuando tenía ganas de recordar que era dueño de algo.
Yo no tenía nombre.
No para él.
Me decía "el pendejo" o simplemente