335. Olor a papel quemado.
Narra Gomes.
Hay un momento en el que las pistas no hablan. No gritan. No piden ayuda. Solo están ahí, esperando que uno las vea por lo que son. Y yo aprendí, después de tantos años, que cuando todo se vuelve demasiado limpio, es porque alguien ya pasó con la escoba.
El papel quemado llegó esta mañana.
Un sobre anónimo, sin remitente, ni estampilla, ni nada. Solo un trozo de hoja, con bordes chamuscados, y un fragmento de código binario mal impreso, como si lo hubieran sacado de una impresora r