334. No me olvides.
Narra Lorena.
Fingir el sueño fue más difícil que caer en él.
Lo supe desde la primera inyección, esa que me dejó flotando por dentro, como si el cuerpo se me hubiera convertido en un médano sin huesos. Tomás pensó que la droga era suficiente. Que podía manejarme con dosis, con palabras dulces, con su mano rozándome la frente como si estuviera cuidándome. No supo ver lo que realmente hacía: marcarme.
Yo me dejé hacer.
Porque cuando uno está débil, lo único que le queda es la mentira.
Y yo sé me