315. El polvo y la pluma.
Narra Tomás Villa.
Hay una grieta en la tinta.
Pequeña, delgada, apenas perceptible… pero está.
Me doy cuenta cuando reviso por tercera vez la notificación encriptada que intercepté anoche. Alguien movió una ficha que no tenía programada. Y en mi historia, todos deben actuar con el guion que les escribí. Hasta los silencios. Hasta las respiraciones.
Me siento frente al ventanal del tercer piso, desde donde se ve la niebla que acaricia los árboles del parque interno. Esta clínica fue, alguna vez