290. Alguien mueve el lápiz.
Narra Lorena.
Las palabras no pesan cuando uno las escribe.
Pesan cuando alguien más las lee.
Y Tomás las ha leído.
Todas.
Tiene en la mirada eso que a veces se le escapaba a Ruiz cuando leía informes antes de hacer volar un club entero.
No era ira.
Era decisión.
Hoy vino más elegante que de costumbre.
Camisa azul marino, el reloj brillando justo bajo la manga, colonia cara.
Trajo impresos tres capítulos con anotaciones al margen.
“Tu voz se vuelve más afilada en esta parte”, me dijo.
“Acá, en