291. El reloj de arena.
Narra Gomes.
Hay días en que uno siente que la investigación avanza.
Y hay días como hoy.
En los que todo parece girar en círculos.
Hasta que, de golpe, una línea se rompe.
Y se abre una fisura.
Una grieta en la noche.
Estaba repasando, por quinta vez, las evidencias del segundo crimen.
El cuerpo colgado como un títere, el mensaje escrito en el pecho, la sangre ordenada como si fuera pintura.
Era arte, sí… pero también era obsesión.
No lo hacía por dinero.
No lo hacía por venganza.
El tipo esta