266. Delicadeza.
Narra el asesino (anónimo)
Nunca me ha interesado la brutalidad. No la verdadera, al menos. Esa que se esconde en los gestos torpes, en los arrebatos de odio, en el grito desmedido. Lo que yo hago no es violencia. Es otra cosa. Es silencio. Es forma. Es delicadeza.
Hoy lo he vuelto a hacer.
El hombre dormía en su sillón de cuero barato, con una botella de ginebra entre las piernas y el televisor encendido. El noticiero repetía las imágenes del juicio de una mujer sin rostro. “La dama del rey de