256. El eco del verdugo.
Narra Gomes.
La paranoia me empieza a comer la cabeza.
Abro la heladera y, en el fondo, ahí donde ayer no había nada, me encuentro con una cajita blanca. No tiene remitente, ni nombre, ni cinta. La abro despacio, sin entender, y adentro hay una muñequita de trapo. Pelo rubio pintado con témpera, el torso atravesado por una cuchillada. Y en la base de cartón, escrito con marcador negro: "Capítulo 18."
Me quedo quieto. No llamo a nadie. No grito. No rompo nada. Me siento. La miro. Respiro.
Ya no