253. Un mapa de fuego.
Narra Ruiz.
La madrugada cae con un silencio espeso, de esos que no se quiebran ni con los ruidos de la ciudad, ni con las alarmas digitales que parpadean en los pasillos como luciérnagas artificiales; es un silencio que vive adentro mío, en el hueco que dejó Lorena la última vez que me miró sin decir nada, y en el eco que dejaron esas páginas que Brisa me entregó como quien ofrece una bomba, con miedo y orgullo, como si supiera que me iba a explotar en las manos.
Estoy solo.
Brisa duerme en mi