241. Primeras palabras.
Narra Lorena.
El pabellón sigue oliendo a lo mismo: humedad, desinfectante vencido, encierro antiguo. Pero hoy hay algo en el aire que lo corta. Una línea invisible que no puedo explicar del todo, como si fuera una grieta en la rutina. Un temblor leve pero constante. No es miedo. Es otra cosa. Ansiedad, quizás. O hambre de palabras.
A media mañana, después del conteo, escucho mi nombre desde la reja.
—Lorena. Sala de usos múltiples. Dale, que ya sabés.
Me levanto despacio, aunque por dentro