24. La herida abierta.
Narra Ruiz.
Sabía que no iba a salir bien.
Desde el momento en que el trato se cerró y el bastardo de Garrocha exigió a Lorena como parte del paquete, supe que esto iba a explotar en la cara de alguien.
Y conociendo a esa mujer… ese alguien nunca iba a ser ella.
Me entero del asesinato por uno de mis muchachos. Vuelve pálido, con sangre que no es suya manchándole el cuello de la camisa.
—Lo mató, jefe. A Garrocha. Lo degolló con su propia navaja —me dice, y yo apenas muevo una ceja.
Claro que l