190. Cómo se mata un símbolo.
Narra Ruiz.
Luisito llega como siempre, sin anunciarse, como un mal recuerdo que uno se traga con saliva gruesa. Camina con ese andar liviano, pero con los ojos encendidos, esos ojos que no duermen, que no olvidan, que no perdonan. Es un tipo al que le podés dar una lista de nombres y vuelve con los cadáveres antes de que se enfríe el café. Y, aun así, nunca me mira como si me debiera algo. Me mira como si supiera que soy el único que lo dejó ser lo que es, sin juzgarlo, sin pretender corregirl