187. La trampa de los días dulces.
Narra Lorena.
Él sonríe.
Y yo no sé si reírme o vomitar. Ruiz tiene a mi beba en brazos. La acuna con una dulzura que no le conocía. Esa ternura nueva en sus manos manchadas de sangre, esa voz baja que le inventa palabras que no existen… como si la criatura pudiera entenderlo, como si la vida fuera de papel glasé y no un campo de minas.
—Mirá lo que sos, eh… te hacés la brava, pero tenés los ojos de tu mamá. Y esa boca, también. Vas a romper corazones, Dulce.
Dulce.
Así.
Sin mirarme. Sin pregun