178. Las flores también sangran.
Narra Gomes.
La beba duerme otra vez, o algo parecido. Su respiración es cortita, cortita, como si el mundo le pesara ya desde tan chiquita, y Lorena la acuna con ese amor salvaje que solo tienen las madres que han sobrevivido al infierno. Yo no me muevo de la puerta. Estoy alerta, con el arma en la mano, el celular en la otra, la frente sudada y los reflejos listos para lo que venga. Miro las cámaras por el celular: negras. Sin señal. Todas. Me están tapando los ojos, eso es lo que pasa.
Lo