177. Donde no llega la calma.
Narra Lorena.
La fiebre de una hija es otra clase de fiebre.
Una que te quema por dentro, aunque no la tengas. Que se mete en el pecho y hace que el mundo se achique hasta volverse una sola respiración apurada, un solo llanto que no cesa.
Es de madrugada. La casa está sumida en ese silencio espeso que sólo la noche sabe tener, y el llanto me rasga los oídos antes de abrir siquiera los ojos. No es un berrinche. Es otra cosa. Un dolor. Un aviso.
Me levanto con el corazón ya apurado. La beb