Leandro.
Volví a probar el trago y aún no podía creerlo, era imposible.
—Fuiste descuidado, yerno.— Se mofa mi suegro con una sonrisa en el rostro.— Por tu reacción, es tu próximo producto.
—Nadie tenía acceso a él. ¿Cómo es posible?
La rabia que me estaba consumiendo, iba a despedazar a quien haya invadido mi laboratorio.
—Me lo imaginé —menciona Liah —. Debemos ser astutos y lanzarse antes de ellos mientras descubrimos quién es.
—No se puede —interviene Lois —. Ese vino debe lanzarse en el ot