Liah
¡No contestes, no contestes!, ¡Ay, Dios!
—¡Aló! —Grita mi madre.
Se aparta del teléfono y me dice:
—Colgó o se le cayó la llamada. —Gracias a Dios.
—¿Qué hacías hablando con mi novio? —me reclama Kira, empujándome hacia la cama.
—¡Kira! —Interviene mi madre.
—Tu novio aún no se digna a terminar conmigo, y yo no lo busqué. Fue él quien lo hizo.
—¿Qué te dijo? —Pregunta mi madre.
—Pregúntenle a él, ¿o cuándo pasó a hacer mi opinión más importante que la de un hombre en esta casa?
—No me habl