Tú comenzaste esta guerra.
En la Mansión Delcourt, cada rincón estaba impecablemente preparado, como si la perfección pudiera ocultar la podredumbre que se gestaba tras esos muros.
Los jardines recién podados desprendían un aroma a hierba fresca, las cortinas nuevas ondeaban suavemente con la brisa que entraba por las ventanas.
Todo era un escenario perfectamente calculado para la función que Luciano había planeado, una obra maestra de manipulación y apariencia.
Los camarógrafos y asistentes se movían como piezas de ajed