Por eso estás aquí.
Catalina no había pronunciado palabra desde que abandonaron la gala.
Ni una sola.
Su cuerpo se movía como si estuviera desconectado de su mente, impulsado únicamente por la necesidad de huir, de dejar atrás las miradas, las sonrisas falsas y el veneno disfrazado de cortesía.
La chaqueta de Julián aún descansaba sobre sus hombros, tibia y con un aroma discreto que le resultaba extrañamente reconfortante, como un recordatorio silencioso de que, pese a todo, no estaba sola y aún había alguien disp