Quiero divorciarme.
El teatro donde se celebraba la entrega de premios empresariales de cada año parecía un templo consagrado al dinero y al poder.
Catalina Delcourt estaba allí porque debía aparentar y acompañar a su esposo que fue nominado a Empresario del Año, no porque lo deseara.
Cada fibra de su cuerpo reconocía que esas ceremonias eran escenarios diseñados para alimentar el ego insaciable de Luciano, y cada minuto que pasaba se sentía atrapada en una jaula dorada.
Catalina sentía el peso de cada mirada y ca