He tomado una decisión.
Julián llevaba más de dos horas dentro del coche, estacionado frente a la clínica.
El motor seguía apagado, el reloj avanzaba con una lentitud desesperante y su mirada no se despegaba de la entrada principal.
A veces salía una enfermera con paso rápido, un paciente distraído o un repartidor que dejaba paquetes en la recepción, pero nada más.
Ninguna señal de lo que él esperaba.
Bastien, el escolta que había dejado adentro,