He tomado una decisión.
El juez había dicho "cuarenta minutos" y esas palabras se habían clavado en la mente de Catalina como un castigo cruel, convirtiendo la espera en una tortura interminable.
La sala del tribunal parecía haberse congelado, como si incluso las paredes contuvieran la respiración junto con todos los presentes.
Catalina estaba sentada en la banca destinada a la parte demandante, con la espalda recta y el mentón erguido, proyectando una fortaleza que solo existía en la superficie.
Por dentro, sentía qu