Las mujeres sollozaban, mientras les eran arrebatadas joyas tan costosas; anillos de oro, collares de perlas o diamantes, aretes, y zapatos, todo el robo era a punta de pistola, pero incluso los ladronzuelos no hicieron más daño a nadie, que el miedo infligido
—Querido rey, ha sido un gran placer haberle robado en su propia cara, envíele mis saludos al rey emérito y a la reina madre —Lord Di Tacco reparó en la presencia de la reina Ana, y el rey Leonel tomó su mano, como para apartarla de la v