Lana llevó a Aaron, hasta una habitación privada que les prestó el duque, ella curaba su herida, y él se sentía mejor, de pronto, la puerta se abrió y Lilian entró, ella acunó el rostro de Aaron, y Lana la miró con ojos tan feroces, que creyó que, si no se alejaba, perdería el control, sacándola arrastras de los cabellos
—¡Aléjate, mujer! —exclamó Aaron con firmeza cuando escuchó su voz —. Estás faltándole el respeto a mi prometida, y perdiendo tu propia dignidad.
Lilian le miró con ojos llor