El video terminó, pero el eco de las palabras de Lisandro seguía resonando en la mente de Valeska como un susurro venenoso, incrustándose en lo más profundo de su alma, envolviéndola en una maraña de pensamientos oscuros de la que no podía escapar.
Su mirada permaneció fija en la pantalla del teléfono apagado, inmóvil, como si esperara que, en cualquier momento, el video volviera a reproducirse por sí solo, como si necesitara verlo una vez más para convencerse de que lo que acababa de presencia