Dentro de la habitación, la luz del amanecer filtraba su tono grisáceo por las persianas a medio cerrar, pintando sombras suaves sobre las paredes blancas. Todo estaba en su lugar: las flores marchitas que Goran había dejado, el abrigo de Valeska sobre la silla, el silencio punzante que solo era interrumpido por algún paso lejano de enfermeras o el suspiro de Oliver, que dormía en el sillón con la cabeza apoyada en la pared.
Valeska estaba de pie junto a la cama. No sabía exactamente por qué. H