Tiempo Actual
Era un lunes por la mañana, y como cada día, Erika se despertó puntualmente a las 7:00 a.m. La luz del sol apenas comenzaba a filtrarse a través de las cortinas de su ventana, pero su rutina ya estaba en marcha. Era el principio de una mañana auto disciplinada, estructurada, donde cada minuto tenía un propósito.
Se levantó de la cama con una precisión casi militar, sabiendo que el día comenzaba en ese instante y que no podía permitirse perder ni un segundo. Se dirigió al baño con paso firme, sumida en sus pensamientos. El sonido del agua de la ducha llenó el cuarto mientras se preparaba para enfrentar el mundo. A las 7:30, ya estaba lista, su rostro impecablemente lavado y maquillado con la misma dedicación que le ponía a todo en su vida. No era por vanidad, sino por una necesidad de control. Un control que había aprendido a abrazar para mantener a raya la incertidumbre de su vida personal.
A las 7:45, mientras se dirigía hacia la mesa del comedor, se sirvió un desayuno