El eco de los disparos se propagó por el túnel como un animal ciego, rebotando contra las paredes húmedas y regresando distorsionado, multiplicado. No era un sonido limpio; era sucio, irregular, cargado de intención. Cada detonación llevaba un mensaje inequívoco: los habían seguido.
Erika se incorporó con dificultad, el cuerpo protegiendo instintivamente a Lucca. Tenía los oídos zumbándole, la visión ligeramente borrosa, pero la adrenalina la mantenía en pie. El polvo aún caía del techo, forman