La noche no dio ninguna advertencia.
No hubo un presentimiento claro, ni un sonido previo que anunciara lo que estaba a punto de romperse. Solo ese silencio antinatural que se instala cuando incluso la montaña parece contener la respiración. La cabaña permanecía envuelta por la nieve reciente, blanca, casi inocente, como si no estuviera a punto de convertirse en escenario de algo irreparable.
Lucca fue el primero en notarlo.
No fue un ruido. Fue la ausencia de él.
Demasiado silencio en el perím