La recámara principal, cargada de aroma a polvo guardado y recuerdos vagos, fue reabierta por las manos nerviosas de David en lo que podía ser una despedida definitiva. La bata en el suelo y los fragmentos de maquillaje, incluso los vidrios de la delicada botella de perfume, aguardaban en la penumbra. Miró los fulgores de aquellas ventanas que se abrían anunciando que el verano terminaría pronto.
Abrió el cajón interno del velador y extrajo una carpeta.
Recordó la tarde que regresó a esa habi