Al día siguiente tanto Amy como Jason apenas podían con el dolor de cabeza, la perfecta sala de esa casa quedó hecha un desastre con una botella de tequila casi vacía, restos de pizza y dos cajas de helado a medias totalmente derretido así que como pudieron comenzaron su día.
Amy debió llamar al trabajo y avisar que llegaría un poco más tarde, agradeciendo que no tenía citado a nadie durante la mañana, después de varias pastillas para el dolor de cabeza cuatro cafés y una buena sopa de pollo qu