Esa noche Liz caminó libre, se sintió mejor que nunca y después de sentarse en un parque a mirar el atardecer tomó su teléfono nuevamente.
—Hola Kim.
—Hola Liz ¿Cómo estás? —escuchó la dulce y agradable voz de su amiga y psicóloga al otro lado del teléfono.
—Estoy bien, mejor que nunca diría yo, me siento libre o mejor dicho liberada, sólo llamo para despedirme mañana por la noche me voy a la Florida.
—Será bueno para ti un cambio, cualquier cosa que necesites sabes que aquí tienes amigos qu