Jonathan y Amy llegaban a la mansión llenos de bolsas y cajas que deberían organizar con todo lo que se pudieron imaginar podrían necesitar desde cunas, juguetes y comida para perros y gatos.
Mientras trataban de poner las cosas en su lugar Jonathan no perdía el tiempo y cada vez que podía acorralaba a Amy donde fuera para besarla o darle mas de alguna caricia que les subía la temperatura a los dos.
Esa enorme misión para ellos solos se estaba transformando en una tremenda tentación a cada ins