CAPÍTULO 81
JULIAN
El rugido electrónico del simulador vibraba a mi alrededor, haciéndome olvidar por momentos que estaba dentro de una cabina estática y no en una pista real. El equipo Belmont había invertido una fortuna en perfeccionar estos escenarios, y cada giro, cada curva, cada reacción del auto se sentía peligrosamente real. Me repetía una y otra vez que debía concentrarme, que mi cabeza tenía que estar puesta en la pista virtual y en los ajustes que me pedían los ingenieros, pero había algo—o mejor dicho, alguien—que me sacaba de ese estado de enfoque absoluto.
Monserrat.
Ella estaba a unos metros de mí, revisando unos códigos junto con el ingeniero de software. La vi inclinarse hacia la pantalla, con el ceño ligeramente fruncido y los labios apretados en esa expresión que siempre tenía cuando algo no salía como quería. Se veía tan metida en su mundo, tan segura, tan brillante. Me costaba entender cómo alguien podía ser tan hermosa y, al mismo tiempo, tan increíblemente tal