CAPÍTULO 157
JULIAN
Después de tantas semanas de tensión, de heridas que aún cicatrizan y noches sin dormir, al fin hay algo que celebrar. Es la boda de Claudia y Juan, nuestros grandes amigos, y siento que todo empieza a acomodarse.
Llego a casa de Monserrat para recoger a mis chicas. Me recibe su abuela en la puerta, con esa sonrisa que siempre me recuerda que hay bondad incluso después del caos.
— ¡Julián, justo a tiempo! —dice con una picardía que me hace sonreír—. Mi nieta está terminando